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Soy madre…Soy Mujer

SOY MADRE…SOY MUJER

Cuando una mujer está embarazada, se da lugar a una serie de acontecimientos a nivel físico, emocional y psicológico. Las relaciones interpersonales se modifican, sobre todo con la pareja y con las personas más allegadas de alguna manera las involucradas en el cambio de rol.

De todos los cambios que se producen cuando decidimos ser madres se encuentra la vivencia de nuestra propia sexualidad, la cual es una parte intrínseca de nuestro ser que nos define como mujeres, entre otros aspectos que conforman la identidad y rol de nuestro género. Tenemos cuerpos sexuados desde que nacemos.

La vivencia de la sexualidad está relacionada con el autoconcepto; con que tan a gusto o no nos sentimos con nuestro cuerpo; con la capacidad para disfrutar y sentir; también con la forma de dar y recibir afecto; con las creencias y la educación a cerca de la sexualidad, así como con la percepción de las experiencias de las relaciones previas.

La sexualidad es una forma de comunicarnos con nosotras mismas y con los demás, a través de nuestras actitudes, así como el intercambio afectivo. Nuestro ser sexual como mujeres está influido por las ideas que nos transmitieron con respecto a cómo debía ser nuestra sexualidad como mujeres y también como madres.

A partir de la decisión de ser madres nos invaden múltiples emociones y pensamientos. La mayoría de las mujeres al estar embarazadas comienzan a tener dudas y conflictos con el ejercicio no sólo de la maternidad, si no también de la sexualidad. Desde miedos a mantener relaciones sexuales coitales, lo cual en muchas mujeres y sus parejas hace disminuir el deseo, hasta el asombro por el aumento de libido que experimentan algunas mujeres.

Después de pasar la etapa postparto se experimentan nuevamente dudas con respecto al ser mujer y madre a la vez, así como la demanda de la pareja para reincorporar la actividad sexual y la percepción que se tiene de sí mismas tanto en lo físico, emocional y el nuevo rol a desempeñar, como madre, esposa y mujer.

Durante el periodo de crianza parece ser que se da una situación recurrente en algunas mujeres donde por lo general experimentan una pérdida de deseo sexual por el hecho de ser madres. Algunas premisas explicativas en relación a lo dicho anteriormente se ve relacionado con:

 La idea de que al estar inmersas en el cuidado de los hijos, no podemos estar para nadie, ni para nada más.
Las interminables tareas domésticas y de cuidados, incluyendo el sexo a la que no llegamos por falta de tiempo. Rechazando en ocasiones el sexo poniendo como excusa el cansancio, cuando en realidad el sexo podría ser una de las mejores formas de relajarse y de sentirse bien, y sobre todo de desconectar del rol de madre.
Ser una “buena madre” reduciendo nuestras conductas libidinosas, porque la sexualidad sigue teniendo componentes moralmente negativos que no encajan con el nuevo rol.

El conjunto de estas premisas, entre otras pueda afectar, en alguna ocasión, y en mayor o menor medida..

Hay mujeres a las que nos les baja el nivel de deseo sexual asociado a la percepción y vivencia de su propia sexualidad. Son mujeres que durante el embarazo son sexualmente activas en cuanto su cuerpo se lo permite. Así mismo después del postparto, son capaces de volver a conectar con su cuerpo sexual, disfrutar y relajarse, además sentirse queridas y deseadas. Son mujeres que ya antes de ser madres mantenían un equilibrio saludable entre sus deseos, necesidades y su expresión sexual. Para estas mujeres la sexualidad es una parte importante de su vida, dándose a la tarea de satisfacer sus necesidades afectivo-sexuales. Logran integrar el ser sexualmente activas y ser madres al mismo tiempo, integrando estos dos aspectos enriquecen el uno al otro. Cabe señalar que la autoestima juega un papel sumamente importante, siendo así capaces de cambiar multitud de aspectos de nuestras vidas para ser mejores madres y a su vez para ser mujeres.

Conclusiones: Actualmente todavía no hablamos abiertamente de la sexualidad. Existen aún mitos y falacias que llevan a la existencia de tabúes en relación al tema. Son pocas las mujeres afortunadas que tienen espacios de libertad para hablar de sus sentimientos y conflictos sexuales. Seguimos arrastrando los efectos de la educación sexual patriarcal que hemos recibido y que nos ha impedido siquiera preguntarnos cómo queremos vivir y expresar nuestra sexualidad como mujeres. Aún nos topamos con la sexualidad de las mujeres en función de la sexualidad de los hombres, con la creencia de que nuestra sexualidad sirve para satisfacer la de un hombre. Se fomenta el mito de la simbiosis “mujer – madre”, donde se da prioridad a la satisfacción de las necesidades de los hijos.  Nos cuesta trabajo entender que la sexualidad es una necesidad básica, que está relacionada con la afectividad, el cuidado y el respeto hacia nosotras mismas, la comunicación y el intercambio con las/os demás y, mucho menos aprendemos que las únicas responsables de satisfacer esta necesidad vital somos nosotras mismas.

  • La Educación Sexual de la primera infancia: Guía para padres y madres, y profesorado, 2003
  • “La Boletina” No. XXXI – 2011

Psic. Flor de María Villegas
Psicología y Sexología Clínica
florvillegas@hotmail.com

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