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La música, las mujeres y el poder…

La música, las mujeres y el poder…

Con la reciente muerte de Juan Gabriel y la extensa difusión de su vida y obra por todos los medios y redes sociales, quiero reforzar la importancia de la música en nuestra vida (nada nuevo), al fin y al cabo la música es un lenguaje universal, no necesitamos entender la letra o conocer el idioma de un tema, porque lo que nos mueve es la melodía.

Las mujeres —más que los hombres— tendemos a relacionar cada tema musical con un episodio específico de nuestra vida. El tema que nos recuerda al primer novio, la primera fiesta, o el que elegimos para bailar el día de nuestra boda, y desde luego los temas que nos ponen el dedo en la llaga: esos que nos recuerdan la traición, el desamor, el olvido, el rompimiento… o con los que lloramos el amor que se fue, la muerte de un ser querido o ese viaje inolvidable con las amigas. Juan Gabriel tiene para todas y cada una de las dichas y desgracias de la vida. Él mismo las vivió en carne propia y las convirtió en música para nuestro goce o sufrimiento. Eso hay que agradecerle al Divo de Juárez, independientemente de que nos guste o no su estilo personal.

Pienso que en el mundo hay pocos seres con tanta luz; que logran levantar fortalezas de las ruinas. No tienen tiempo para llorar su desgracia, la transforman en arte y la comparten con todos. Y contradictoriamente a la fuerza que emanan y la cantidad de gente que atraen, procuran y disfrutan su soledad y logran hacer una introspección perfecta, lo que les permite seguir desarrollando sus dones. Son genios incomprendidos en lo personal pero admirados por su talento… estos seres de luz pueden expresarse no sólo con la música, sino a través de la pintura, la escultura, la danza… por eso son denominadas bellas artes y por eso se convierten en lenguaje universal.

Como mujeres aprendamos a sacar provecho de nuestras desgracias, a reírnos de los episodios tristes y a reinventarnos cada día. Tenemos muchas expresiones para elegir. Valoremos nuestras experiencias y sumemos en vez de restar. Las mujeres hemos demostrado más valor e inteligencia que los hombres en muchas áreas. No se trata de una lucha de poderes ni de ver quién es mejor, se trata de aprovechar nuestros dones y fortalezas para construir, para mejorar, para sobresalir a pesar de los obstáculos. Somos las principales causantes del machismo, somos las que educamos a los hijos y somos las que podemos poner un alto al dominio masculino. Dejémonos de dobles discursos y dobles morales, enseñemos a nuestros hijos —desde pequeños— a respetar, a participar a la par, a valorar y a hacer equipo con la mujer. Si tenemos varones y mujeres en casa, que sus obligaciones y los derechos sean parejos, sin discriminar y sin hacer diferencias. Ese pequeño grano de arena en la infancia, será la gran diferencia en su etapa como adultos, crecerán sabiendo que lo que quieren se lo tienen que ganar y que no les corresponde por el sólo hecho de ser hombres.

Ana Luisa Castillo Barrera

marrulla9@gmail.com

@MARRULLA9

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